He pasado unos días malita en cama. A mi edad estas cosas hay que tomárselas en serio, cualquier cosica puede certificar el final cuando se tiene un cuerpo tan gastado.
Yo me lo suelo tomar con calma: medicinas, cama, libros y mucho descanso, también pienso mucho, y cuando digo pienso, en realidad, quiero decir recuerdo.
Me ha resultado curioso, y por eso lo quiero compartir con vosotros queridos, el tipo de cosas que me han venido a la cabeza y que han conmovido mi corazón.
Y digo curioso porque en general mi vida no ha sido lo que yo esperaba, pero los recuerdos que me han acechado estos días y que me tenían al borde de las lágrimas eran todos hermosos y llenos de ilusión. Ilusión por las cosas que yo pensé que viviría, los nervios anticipando aquella visita, el inminente nacimiento de un hijo o aquellos días en los preparativos de aquel viaje.
Ilusión por un hombre al que amé, lo que pensé que eso sería, con qué fuerza y alegría lo imaginé, sola y con mis amigas, en conversaciones llenas de miedos y risas, figurar cada beso y cada caricia, perfectas, amables. Después llegó la realidad y en apenas instantes pasé de objeto a fuente de irritación para, finalmente, hacerme invisible.
Sin embargo aquellos meses previos al hecho consumado se me presentan ahora como uno de los mejores recuerdos de mi vida.
No hay forma más segura de placer que el placer de la ilusión.
Ahora que se acerca mi muerte debo reconocer que fue precioso imaginar mi vida.
Palmira